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¿Y ahora qué?

Este es el trillado post de «quiero escribir, pero no de que». Todo el que alguna vez comenzó un blog lo ha escrito. Pasa tarde o temprano, y nos pasa mucho más a los que tenemos abandonado nuestro blog.

Es común. Tenemos muchas cosas que hacer; el trabajo, las lecturas, la familia, la novia. No hay tiempo para escribir. Se tienen muchas ideas, pero no se tiene el tiempo y, sobre todo, se ha perdido la costumbre de escribir. 

A mi por ejemplo, me gustaría decir lo que pienso de mi trabajo y de mis motivación para seguir haciéndolo. También están mis ganas de contar mis aventuras en la ciudad sobre la bicicleta. Por otra arte podría escribir sobre el amor y sus lecciones. Y, ¿qué tal escribir sobre mis lecturas? Todo eso sería interesante, pero tal vez sólo lo sea para mi. Seguramente a estas alturas ya nadie visite este lugar y mis palabras quedarían aquí sin ser leídas y entonces no tendría sentido alguno transcribirlas.

No lo sé. Seguramente esta post se quede aquí otro largo tiempo como mi último post hasta que regrese en un año y escriba algo más sobre como no sé sobre que escribir.

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Soy un mirón

Me gusta ver, mirar, observar. No hay nada malo en ello. El detalle aquí es que me gusta ver a las mujeres. Claro, tampoco hay nada malo ahí.

Hay que considerar que antes que nada. Antes de ser hombre, profesionista, caballero, ser consiente, ciudadano, lo que sea. Antes que cualquier otra cosa, soy parte de la naturaleza, de la fauna, ¡vaya!, soy un animal.

Un animal con todas sus letras. Al igual que todo animal poseo una conciencia primitiva. Poseo instintos primarios. No hay más. Millones de años de evolución dictaron la manera en que esta especie debe sobrevivir. Yo quiero sobrevivir, o al menos mi instinto quiere que mi especie sobreviva. Por eso venimos programados para la reproducción. Somos máquinas de procrear. Simples instrumentos de la naturaleza para hacer más individuos idénticos.

¿A dónde voy con esto? A explicar mi necesidad de ver a las mujeres, de mirarles las piernas, el pecho o el trasero. Sí, porque en lo profundo de la mente de cada hombre, hay algo que les hace girar la cabeza al ver cruzar a una chica bella. No es que nosotros lo hayamos decidido por simple gusto, es algo que nos pusieron en los genes.

Ya saben, amigas, compañeras o conocidas. Si alguna vez me sorprenden mirando sus curvas, no es que sea un truhán, es que la naturaleza me hizo así.

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Sin ideas

Nada por aquí, nada por allá.

De pronto de me dieron ganas de escribir. ¿De qué? No lo sé. De algo. De lo que sea. De la necesidad misma de escribir.

Hace tiempo que me faltan las ganas, que me falta el tiempo y que me faltan los temas. Ya no escribo. Ya no me doy el tiempo de hacerlo o de por lo menos pensarlo. De pronto me he conformado con tener las cosas en la mente y dejarlas ahí. Y las ideas se quedan en eso, en ideas que no desarrollo.

Culpo de eso a twitter. La costumbre de transcribir ideas en unas pocas palabras me ganó. Mi capacidad de desarrollar una idea se atrofió y me unas cuantas oraciones me fueron suficientes para expresar ideas complejas.

Nace una idea, se vuelve un tuit y se pasa a la siguiente. No debería ser así. O por lo menos no quiero que sea así.

Dicho esto. Que reviva el blog y, con ello, mi capacidad de pensar.

He dicho.

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Archivado bajo breves, Sin razón

Pero ella

Creer que se es querido. Confiar en que se sabe querer. Tener fe en que las decisiones son correctas y que jamás se ha de fallar.
Que raro es el sistema del amor.
No soy de los que que quieren mil mujeres, o tal vez lo soy. Con ser amado por una me basta, pero ¿porqué un amor debe bastar? Le amo a ella y también amo amar a las demás.
Ella tiene algo que tú no dice Ramazzotti. No hay nada más que explicar. Él lo define así.

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Los recuerdos se agotan…

Picasa Web Albums - Smooth

…de tanto ser usados.

Voy a la gaveta, tomo uno, lo miro, lo siento y me empalago de su sabor. Este es amargo, pero ya no es tan amargo como la primera vez que acudí a el y lo probé. Será que mi cuerpo se acostumbra a sentirlo o será que su fuerza se devaneció en el tiempo.

Son recuerdos perdiendo su fuerza, su nitidés. Ya les veo borrosos y confusos, tanto que termino agregando toques de otros recuerdos, de recuerdos propios, de recuerdos ajenos y los vuelvo mios para reemplazar a los que ya se han perdido.

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Hoy, hace un año

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Te vi llegar con tu blusa blanca. El bar se mostraba tranquilo la noche en que mis amigos festejaban. Nunca supe por que decidiste acompañarnos, querías volver a aquel lugar o querías conocerme. No lo supe. No me importó. Mandé un mensaje a mi amiga para decirle la impresión que me habías dado. Tú pensantes que hacía algo más. Pocas veces se que decir ante alguien que me interesa, no fue la excepción. Pero no quería impresionar, ya me conocias y no había razón para ello. Habíamos hablado y compartido algunas confidencias pero después de esa noche encontramos el pretexto para volver a vernos. Caminamos, buscamos platicar y conocernos, escuchamos a los niños contar chismes amedia noche en aquella plaza que hoy me da tantos recuerdos.

Hoy ya no somos nada más que un recuerdo en la cabeza del otro. Las cosas no siempre salen como uno quisiera. Una lastima pues esperaba tanto de ti y de mi. Desde luego añoro los momentos que invertimos juntos. Contigo descubrí muchas cosas. Entre ellas mi capacidad para amar tanto a alguién. Si logré hacertelo sentir, hoy me siento satisfecho.

Hoy ya hace un año… ya hace un año.

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Sin etiquetas

Cinco de la tarde. Los minutos pasan lentos. No me encontraba tan ansioso de salir del trabajo desde hacía meses, desde… desde enero para ser precisos. Entonces mi vida estaba llena de magia, todo tenía sentido y a la vez todo era incógnita que quería resolver a lado de ella. Después todo se descompuso. Sufrimiento, insomnio, confusión y muchas lágrimas que no valieron para nada. Fue entonces que apareciste, platicamos toda la noche. Fue un hermoso reencuentro.

Siete años sin saber uno del otro y de pronto se desvanecieron esos tres cientos kilómetros que hay entre nosotros. Aquella noche me diste tu apoyo, yo moría de tristeza y tú de sueño pero me escuchaste y me diste consejo. Noche tras noche repetimos la terápia pero mi alma no quería entender que en aquél juego ya había perdido todo lo apostado. Luego vino el fin de semana, nervioso esperé tu llegadaen la plaza. Llegaste puntual. Me encantó tu cabello flotando con el viento de nuestra ciudad.

Te acompañé a tu departamento. Me enamoré de el desde que abriste la puerta. Me invitaste a conocerlo. Miraba tu librero cuando me besaste. Así empezó todo y esa noche te hice el amor, o tú me lo hiciste a mi, o el amor nos hizo a ambos.

Dejé tu departamento pasada la media noche con la cabeza aún revuelta. Llamaste a mi celular. Coincidimos en que aquello no fue nada más que un par de amigos que necesitaban un poco de cariño, sin embargo ambos sabíamos que no era así. La siguiente semana nos hicimos novios y tres semanas después volvimos a ser solo amigos, aunque en realidad nos estacionamos en un lugar intermedio.

No se que tenemos, no se a donde vamos, no hay etiqueta que nos defina y, a pesar de eso, me haces felíz.

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