de… la Luna

The moon above a lake of digital water por Philipp Klinger

"The moon above a lake of digital water" por Philipp Klinger

Hoy hay Luna nueva. Mañana estrenaremos Luna. Una luna nacerá para morir en veintinueve días. Luego nacerá otra y continuará el ciclo hasta el infinito. Pero, ¿cómo era el cielo antes de que naciera la primera Luna?

Kari me inspiró esta pregunta. ¿Cómo era el mundo antes de que nacieras? ¿antes de conocerte? ¿Antes de besarte? ¿Antes de la primera Luna?

Hubo días sin Lunas. La Tierra navegaba sola. Su compañero, su satelite aún no danzaba a su alrededor entonces. Se necesito de una colisión colosal para hacerla nacer. Nada es seguro, son hipótesis. Pero se cree, por la semejanza entre la composición del suelo terrestre y el de la Luna que esta última es un trozo de nuestro planeta perdido durante la colisión de un gran asteroide. El impacto habría lanzado miles de toneladas de escombros al espacio. Mismos que tiempo después orbitarían la tierra aglutinandose en finos anillos similares a los de Saturno. Hermosa visión -exclamó Kari pues compartimos el sueño de ver un cielo saturnino y contemplar sus anillos-. La gravedad hizo su trabajo, que en este caso es un trabajo lento de cientos de años, y recogiendo pieza por pieza, formó nuestra Luna.

Para nuestra fortuna, la casualidad, o el poder divino y siempre bromista de Monesvol, dotaron a la Luna de ciertas curiosidades. Para empezar, posee la particularidad de tener periodos de rotación y translación iguales. Esto significa que tarda el mismo tiempo girando sobre su eje que girando alrededor de la Tierra. Esto es lo que hace posible mostrarnos sólo una de sus caras. Siempre, cada ocasión, vemos la misma cara con el conejo tatuado. Si sus periodos de rotación y translación fueran diferentes, veríamos diferentes caras en cada ciclo.

La siguiente carácterística es mi favorita. La distancia del Sol a la Tierra es 400 veces más grande que la que hay entre la Luna y la Tierra. Por otro lado el Sol es 400 veces más grande que la Luna. Con esta proporción a nuestros ojos el Sol y la Luna aparentan el mismo tamaño. No tendemos a notar esta simetría más que cuando se encuantran lado a lado o, lo que es mejor, cuando se eclipsan. Eclipsar, ocultar. La Luna se atraviesa en el camino del Sol para cubrirlo y producir un eclipse total o anular.

Hay días en que preferiría ser un selenita y tener todo un astro para mi solo, igual que el Principito. Cuantos lugares por conocer. Establecería mi hogar cerca del Crater Copernico y me tomaría el tiempo para excursionar al Mar de la Tranquilidad y a otros con nombres más caprichosos como el Mar de las Serpientes o el Mar de Las Crisis. Desde luego, el Lago de los Sueños sería mi favorito.

Aceptaré visitas pero, compañía permanente, tal vez la de Kari.

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