Espera

Saint Valentines Day wedding por jespis

"Saint Valentine's Day wedding" por jespis

Las palomas reunidas en la cornisa del teatro ocupaban la atención de Antonio. Había una grande y negra que pasaba de un lado a otro haciendose caber empujando al resto con su voluminoso cuerpo. Antonio no sabía nada de aves pero imaginó que se trataba de un macho llamando la atención de las hembras. Él estaba sentado junto al asta. Pensó que era una lástima que ese día no tuviera bandera pues soplaba el viento desde el norte. Despegó las manos del concreto para sentir el viento entre sus dedos. Moviendolos como si nadaran los dejó deslizarse en ese aire escurridizo.
Estaba tranquilo y eso lo confundía. Había salido de su casa con más de una hora de anticipación para ver a Carolina. En su casa se sentía ansioso y desesperado por que llegara el momento. Tan pronto pisó la calle todo eso se fue. El ritmo de sus latidos se hizo más pausado. Camino a la plaza cruzó por el parque de su colonia, donde jugaba de niño. Siempre, sin falta, al pasar el kiosko, ahí en el centro del todo, miraba a un árbol torcido. Era su árbol favorito de ese parque porque solía treparlo a lados de sus hermanos. Su tronco inclinado les permitía subir con facilidad hasta donde las ramas se hacían tan delgadas que ya no podían trepar más alto. Sin dejar de caminar alzó la vista hasta su lugar. Él y cada uno de sus hermanos tenía su lugar en el árbol. El de Antonio era una horquilla en la que podía sentarse cómodamente y, si el calor era intenso, dormir. Salíó del pequeño parque y como siempre trató de recordar cuantos libros había leído acostado en su lugar.
Llegar a la plaza no le llevó más de quince minutos y apenas prestó atención al resto del camino. En realidad no ponía atención a nada desde que volvió a saber de Carolina. De inmediato se sentó junto al asta y se puso a mirar a las palomas. No hacían gran cosa pero le pareció entretenido, por otra parte no había nada más que hacer.
De pronto alguién en el teatro abrió una ventana. Las palomas volaron asustadas justo encima de la cabeza de Antonio. Él las siguó con la vista hasta quedar recostado sobre su espalda. El sol golpeó sus ojos. Ahí se quedó, con los ojos cerrados y sin moverse, sintiendo el viendo fresto y escuchando el canto de las palomas al otro lado de la plaza. Le pareció curioso sentir el viento en la barba, esa barba que odiaba pero que odiaba más rasurar. Sonrió porque núnca antes lo había experimentado. Una pelota golpeó gusto junto a su cabeza sin sacarlo del transe en que se había embarcado.
Luego de un momento se sobresaltó. Ya no sintó el sol en la cara y el vieto parecía haber cesado. Una mano tomó la suya. La reconoció. Era una mano pequeña y fría, aspera por la acción del trabajo desde la infancia. Despacio, abrió los ojos. Ahí estaba ella con su cabello flotando al viento y un aura dibujada por el sol enmarcando su cara. Al fin te vuelvo a encontrar -dijo ella en un susurro-. Un beso suave e infinito siguió a sus palabras liberando así un amor dormido.

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